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Explorando el Canibalismo: Mitos y Realidades en el Mundo Animal y Humano

Te voy a plantear una pregunta: ¿en qué circunstancias te plantearías comer carne humana? Todos hemos visto o escuchado historias relacionadas con este acto. Actualmente esta teniendo mucho éxito la nueva película de Juan Antonio Bayona “La Sociedad en la Nieve”, o films icónicos como “Las Colinas tienen ojos” o “Hannibal”.

Pero, te has parado a pensar si ¿el canibalismo se podría llegar a considerar como una práctica “normal y natural”? ¿realmente, y desde un punto de vista genético, somos seres destinados a comernos unos a otros?, ¿sabe diferente la carne humana procedente de una persona viva a una muerta?, ¿cuántas calorías serías capaz de conseguir comiendo restos humanos? ¿podría morir, literalmente de sueño, por comer carne humana? Si quieres tener respuestas a todas estas interesantes preguntas, sigue leyendo.

El canibalismo animal, la Naturaleza en estado puro

Sí, como has leído y ya puedes estar imaginando, el canibalismo es una práctica normal y muy común dentro del reino animal. Esta rutina alimentaria se manifiesta en diversas especies, y su presencia puede estar vinculada a diferentes motivaciones. Por ejemplo, en el caso de algunas arañas como la Latrodectus mactans (comúnmente conocida como la viuda negra), se observa el denominado canibalismo sexual, donde la hembra consume al macho después del apareamiento. Este comportamiento proporciona a la hembra nutrientes adicionales, contribuyendo a la producción de huevos y aumentando sus posibilidades reproductivas.

Otro ejemplo son las mantis religiosas, conocidas por su canibalismo durante el apareamiento, donde la hembra devora al macho, a veces incluso durante el acto sexual. Este no solo proporciona nutrientes a la hembra, sino que también asegura un mayor éxito reproductivo al eliminar a posibles competidores.

Canibalismo bajo el agua

En el reino acuático, el canibalismo se presenta en ciertas especies de peces. Por ejemplo, En algunas poblaciones de percas (Perca fluviatilis), especialmente en cuerpos de agua con recursos limitados, se ha observado canibalismo entre alevines. Los individuos más grandes pueden depredar sobre los más pequeños, una dinámica que puede ser más pronunciada en condiciones de alta densidad poblacional.

Al igual que en las percas, las truchas (Oncorhynchus spp) y los salmones (Salmo spp) también han sido observados practicando el canibalismo.

Otros caníbales animales conocidos

Asimismo, en el mundo anfibio, como en el caso de las salamandras (Salamandra salamandra), se ha registrado canibalismo, especialmente entre las larvas. En situaciones de alta densidad poblacional, las larvas pueden recurrir al canibalismo para asegurar la obtención de recursos limitados y, por ende, su supervivencia.

El canibalismo es menos común en mamíferos en comparación con otras clases de animales, pero existen ejemplos de ello. Uno de los más conocidos son los hámsters, que practican el canibalismo neonatal. Esto puede ocurrir si las condiciones en el entorno son adversas, como la falta de recursos alimentarios o si la madre percibe a sus crías como enfermas o inviables. Los delfines y los leones son especies que, bajo presión ambiental, también tienen tendencia a comerse a su descendencia.

Y los humanos, ¿estamos genéticamente destinados al canibalismo?

La respuesta es NO, los humanos no estamos genéticamente destinados al canibalismo. Desde un punto de vista genético, los humanos compartimos un ancestro común con otras especies de primates y mamíferos, y no hay adaptaciones genéticas específicas que respalden el canibalismo como una estrategia evolutiva. No obstante, los arqueólogos han descubierto evidencias de prácticas canibalísticas en la historia evolutiva humana que se remontan a, aproximadamente, un millón de años.

Aunque las marcas de cortes y mordeduras en los huesos no proporcionan datos claros sobre las motivaciones detrás de estos actos, los restos antiguos ofrecen pistas sobre la prevalencia de tales prácticas a lo largo de la evolución humana. En un ejemplo particular, la cueva de la Gran Dolina en el yacimiento de Atapuerca (Burgos) revela restos descuartizados de bisontes, ovejas y ciervos entremezclados con los restos de, al menos, 11 individuos humanos (todos ellos niños o adolescentes), cuyos huesos exhiben signos de canibalismo.

Y otro dato aún más desconcertante: además de las marcas indicativas de la extracción de carne de los huesos, las pruebas sugieren que los habitantes de la Gran Dolina, ancestros lejanos de los humanos conocidos como Homo antecessor, consumían (incluso) los cerebros de los fallecidos. Estos fragmentos humanos descuartizados se encuentran estratificados en capas en la cueva, abarcando aproximadamente 100.000 años, indicando la regularidad de esta práctica.

La disposición similar de los restos humanos y animales lleva a algunos antropólogos a especular que el canibalismo en este lugar no fue impulsado por una crisis alimentaria o un comportamiento ritual. Podría haber sido, según algunas teorías, una práctica alimentaria común o una forma de señalizar la pertenencia a la comunidad, aunque la confirmación de estas motivaciones sigue siendo una gran incógnita dentro del desarrollo biológico de la especie.

Y si tuviéramos que comer carne humana, ¿a qué sabría? ¿sería recomendable para nuestra dieta?

En este sentido, quizás puedas llevarte una sorpresa. Según los datos ofrecidos, en 2001, por Armin Meiwes (conocido popularmente como el “caníbal de Rotemburgo”), la carne humana “sabe a cerdo, aunque un poco más fuerte, salada y ácida”. Incluso, este criminal dio detalles de las mejores preparaciones gastronómicas para servir lo que él llamaba como “manjar humano” (a la plancha, vuelta y vuelta, durante unos 5 minutos) e indicó que la carne de una persona viva, en comparación con una muerte, “se cocinaba mejor y no necesitaba tantos condimentos”.

En cuanto a lo ideal que sería el introducir la carne humana en nuestro día a día alimentario, un gran estudio sobre esto fue el realizado por el arqueólogo británico James Cole en 2017, y con el que se enfocó en la evaluación de la composición nutricional de la carne humana adulta en comparación con la de otros mamíferos. Sorprendentemente, los resultados indicaron que la carne humana es menos nutritiva, en términos de calorías, que la de otros animales.

Los cálculos de Cole

Según los cálculos de Cole, la carne de un cuerpo humano adulto de 65 kilogramos contiene aproximadamente 125.000 calorías, distribuidas de manera desigual en diversas estructuras anatómicas.

Por ejemplo, un kilogramo de músculo aporta solo 1.300 calorías, cifra significativamente inferior a la de otros animales. El corazón, por su parte, se cataloga como una opción más ligera con 651 calorías, mientras que el torso junto a la cabeza suma 5.419 calorías.

El conjunto formado por el cerebro, la médula espinal y los nervios circundantes contribuye con 2.706 calorías. Si se busca una opción menos destinada a la dieta, los muslos son los que aportan más calorías, con 13.354 cada uno, seguidos por la parte superior del brazo con 7.451 calorías. Órganos como los pulmones, el hígado y los riñones contienen 1.596, 2.569 y 376 calorías respectivamente.

Estructura AnatómicaCalorías
Músculo (1 kg)1,300
Corazón651
Torso y Cabeza5,419
Cerebro, Médula Espinal y Nervios2,706
Muslo (cada uno)13,354
Parte Superior del Brazo7,451
Pulmones1,596
Hígado2,569
Riñones376

James Cole, quien compiló estos datos para entender las razones detrás del canibalismo en nuestros antepasados, sugiere que este comportamiento no se debía a una necesidad nutricional. En su opinión, otros animales fácilmente cazables en esa época proporcionaban una alimentación más sustancial y completa. Por ejemplo, al cazar un mamut, un grupo de 25 humanos obtenía suficiente alimento para 2 meses, mientras que con una persona apenas tendría provisión para un solo día. Por lo tanto, Cole especula que el canibalismo desempeñaba un papel más ligado a rituales, ya fueran funerarios o expresiones de agresión.

Y para nuestra salud, ¿podríamos enfermar comiendo carne humana?

El consumo de carne humana tiene graves implicaciones para la salud, tanto física como psicológicamente. Por ejemplo, algunas enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Kuru, están relacionadas con esta práctica.

Históricamente, se ha asociado con prácticas canibalísticas en poblaciones específicas, como en Papua Nueva Guinea, donde la costumbre de consumir tejido cerebral humano como parte de rituales funerarios llevó a la propagación de la enfermedad. Es una enfermedad neurodegenerativa transmitida por priones y cuyos síntomas incluyen temblores, pérdida de coordinación y dificultades en la marcha. Además de la enfermedad de Kuru, otras patologías priónicas, como la enfermedad de Gerstmann-Sträussler-Scheinker (EGSS) y el insomnio familiar fatal, han sido asociadas con el consumo de tejido cerebral humano.

El canibalismo también puede aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas, como el VIH y la hepatitis B y C, si el tejido consumido está contaminado con sangre u otros fluidos corporales que portan estos virus. También puede aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades parasitarias. Por ejemplo, la ingestión de carne humana infectada con parásitos como Trichinella spiralis puede dar lugar a trichinellosis, una enfermedad causada por estos gusanos.

La práctica del canibalismo puede aumentar el riesgo de infecciones bacterianas. Un caso ilustrativo es el registrado entre los miembros de la expedición del buque Endurance, liderada por Sir Ernest Shackleton, que quedaron varados en la Antártida en 1915. Ante la falta de alimentos y las condiciones extremas del lugar, algunos miembros de la expedición recurrieron al canibalismo para sobrevivir, siendo esto una mala elección, ya que el 75% de los supervivientes acabando muriendo por clostridiosis o intoxicación alimentaria por Clostridium perfringens procedente de las entrañas de sus compañeros.


Consejo Inpharmado

Desde InPharmado queremos dejaros algunas películas que tratan este tema desde varios puntos de vista, ético, moral y físico:

  • «El Silencio de los Corderos» (1991): Este clásico del cine, protagonizado por Anthony Hopkins y Jodie Foster, presenta a Hannibal Lecter, un psiquiatra caníbal y asesino en serie. La película explora la mente de Lecter mientras ayuda a una joven agente del FBI a capturar a otro asesino en serie.
  • «Caníbal» (2013): Esta película española, dirigida por Manuel Martín Cuenca, cuenta la historia de Carlos, un prestigioso sastre en Granada que es también un asesino en serie y caníbal. La película se centra en su vida metódica y cómo se ve alterada cuando se enamora de la hermana de una de sus víctimas.
  • «Bone Tomahawk» (2015): Este western de terror, dirigido por S. Craig Zahler, combina elementos del género de terror con el western, siguiendo a un grupo de hombres que intentan rescatar a personas secuestradas por caníbales trogloditas.
  • «Holocausto Caníbal » (1980): Dirigida por Ruggero Deodato, esta controvertida película italiana es conocida por su extrema violencia y escenas realistas de canibalismo. La historia sigue a un equipo de documentalistas que desaparecen en la selva amazónica mientras filmaban tribus caníbales.
  • «Voraz» (1999): Esta película de terror y comedia negra, dirigida por Antonia Bird, se ambienta en un remoto puesto militar en el siglo XIX, donde los soldados se ven envueltos en una misteriosa y macabra cadena de eventos relacionados con el canibalismo.

No olvides consultarnos.

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