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La heredabilidad de la depresión

«Doctor, me siento triste». Aunque pueda parecer desalentador, la tristeza hay que considerarla con un vaivén de sombras y claros que forman parte de nuestro “electroencefalograma vital”, y que diferencia la “vitalidad” de la “mortalidad”. Pero ¿qué sucede cuando este sentimiento se convierte en algo más profundo, en una entidad llamada depresión? En este blog vamos a desentrañar los aspectos más relevantes de la heredabilidad de la depresión. ¿Realmente son nuestros padres o abuelos los culpables de nuestra melancolía y tristeza crónica? Vamos a descubrirlo

La Complejidad de la Depresión: Genes y Ambiente

La depresión, una enfermedad mental que afecta a millones de personas en todo el mundo, se manifiesta a través de una profunda tristeza, decaimiento anímico y pérdida de interés en la vida. Este trastorno complejo no solo tiene raíces biológicas, sino que también está influenciado por factores ambientales y sociales.

La depresión no sigue un patrón hereditario simple; más bien, se considera que tiene un componente genético y ambiental. Aunque factores genéticos pueden aumentar la susceptibilidad a la enfermedad, la depresión a menudo se desencadena por acontecimientos estresantes o infelices en la vida. Esta complejidad sugiere que la depresión es el resultado de interacciones entre factores sociales, psicológicos y biológicos.

Imaginemos a dos gemelas idénticas, María y Laura, con predisposición genética a la depresión derivada de sus 3 generaciones anteriores. Ambas comparten el mismo conjunto de genes que las hace genéticamente similares. Sin embargo, a lo largo de sus vidas, experimentan eventos ambientales diferentes. María debe afrontar problemas en su entorno laboral y relaciones personales de forma habitual, mientras que Laura, aunque también experimenta estrés, cuenta con un sólido sistema de apoyo cotidiano y oportunidades para el crecimiento personal. A pesar de su base genética común, la experiencia vital de cada gemela influye en la manifestación de la depresión. En este caso, María, debido a los eventos estresantes y problemáticos en su vida, puede desarrollar síntomas depresivos, mientras que Laura, a pesar de su predisposición genética, puede no experimentar la depresión en la misma medida debido a un entorno más favorable.

Genética de la Depresión: Explorando la Heredabilidad

Como hemos mencionado anteriormente, los estudios genéticos revelan que la depresión tiene un componente hereditario, pero su heredabilidad no sigue un patrón mendeliano clásico. En cambio, se considera que sigue un modelo de umbral de susceptibilidad. Este modelo implica que hay una variable de «susceptibilidad para desarrollar la enfermedad», distribuida de forma continua en la población. Solo aquellos que superan un umbral específico manifiestan el trastorno.

Consideremos a dos personas, Juan y Marta, ambos con una predisposición genética similar a la depresión. Sin embargo, a lo largo de sus vidas, experimentan diferentes niveles de estrés, eventos traumáticos y apoyos sociales. El modelo de umbral sugiere que la susceptibilidad para desarrollar la depresión se distribuye de manera continua en la población, pero solo aquellos que superan un umbral específico de factores genéticos y ambientales manifiestan el trastorno. En este escenario, Juan, debido a una combinación de factores estresantes y su carga genética, supera el umbral y desarrolla síntomas depresivos. Por otro lado, Marta, a pesar de tener una predisposición genética similar, no supera ese umbral crítico debido a un entorno más favorable y, por lo tanto, no manifiesta la depresión de la misma manera.

Estudios Familiares, de Gemelos y de Adopción

Los estudios familiares han sido fundamentales para comprender la base genética de la depresión. Se ha observado que la prevalencia de la depresión es considerablemente mayor entre familiares de primer grado, como padres y hermanos, en comparación con la población general. Esta observación inicial sugiere la existencia de un componente hereditario en la predisposición a la depresión. Sin embargo, la complejidad de esta relación se ve influida por la presencia de factores ambientales.

Hay múltiples estudios que han abordado la cuestión de la heredabilidad de la depresión. Una investigación relevante fue el «Estudio de Registro Danés«, que examinó datos de más de dos millones de personas para evaluar la heredabilidad de la depresión. Publicado en la revista «JAMA Psychiatry» en 2016, este estudio encontró que la heredabilidad de la depresión era del orden del 30%. Este resultado sugiere que, aproximadamente el 30% de las variaciones en la vulnerabilidad a la depresión pueden explicarse por factores genéticos, mientras que el resto se atribuye a factores ambientales. Además, el «Estudio de Gemelos de Virginia» contribuyó significativamente a nuestra comprensión de la heredabilidad de la depresión. Los gemelos idénticos (monocigóticos) comparten aproximadamente el 50% de sus genes, mientras que los gemelos fraternos (dicigóticos) comparten, en promedio, el 25% de sus genes. Este estudio ha demostrado consistentemente, una mayor concordancia para la depresión en gemelos monocigóticos en comparación con gemelos dicigóticos, lo que respalda la influencia genética en la susceptibilidad a la depresión.

Genes de riesgo y perspectivas futuras

Los estudios genéticos han identificado regiones cromosómicas asociadas con la depresión, como la región en el cromosoma 3 y los genes SIRT1 y LHPP en el cromosoma 10. Estos genes están vinculados a la generación de mitocondrias y la producción de neurotransmisores. La región cromosómica 3 se ha descubierto como un área de interés en los estudios genéticos sobre la depresión. Los investigadores han observado asociaciones significativas entre variaciones en esta región y la predisposición a la depresión en ciertos grupos de individuos.

Además, se ha identificado la relación de dos genes específicos, SIRT1 y LHPP, ubicados en el cromosoma 10, con la depresión. SIRT1, que codifica una proteína involucrada en la regulación del estrés oxidativo y la generación de mitocondrias, ha sido objeto de atención debido a su papel potencial en los procesos biológicos asociados con la depresión. La función mitocondrial adecuada es esencial para la producción de energía en las células, y alteraciones en este proceso pueden estar vinculadas a la patogénesis de la depresión. El gen LHPP, por otro lado, ha sido asociado con la producción de neurotransmisores, sustancias químicas clave en la comunicación entre las células nerviosas. Dado que las anormalidades en la señalización de neurotransmisores se han relacionado con trastornos del estado de ánimo, la identificación de genes como LHPP proporciona un aporte muy valioso sobre los posibles mecanismos biológicos subyacentes a la depresión.


Consejo Inpharmado

Desde InPharmado queremos dejaros un enlace para que profundicéis en esto trastornos, siempre desde la semilla de los conocimientos, en este caso el manual MSD: Trastornos depresivos – Trastornos psiquiátricos – Manual MSD versión para profesionales (msdmanuals.com)

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