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SIBO cuando las bacterias se apoderan de nuestro intestino.

Históricamente, ha pasado desapercibido, pero, gracias a los avances médicos podemos observar una mayor prevalencia de SIBO en la sociedad. Es una afección compleja, causante de una amplia gama de síntomas que afectan a la calidad de vida del paciente. Desde InPharmado, queremos arrojar luz explicando sus causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento.

introducción.

El SIBO (del inglés “Small Intestinal Bacterial Overgrowth”) o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado consiste en un crecimiento excesivo de las bacterias en dicha sección del sistema digestivo. 

Se trata por lo tanto de una disbiosis (alteración de la microbiota habitual existente en nuestro organismo). Existe gran variedad de bacterias responsables de esta alteración. De forma predominante encontramos especies como Enterococcus, Escherichia coli, Lactobacillus y Klebsiella. Se ha observado también, el sobrecrecimiento de otros microorganismos que de forma natural no habitan en el intestino delgado. Destaca en este aspecto Methanobrevibacter smithii, una arquea productora de metano. Las arqueas son microorganismos procariotas unicelulares, al igual que las bacterias, no poseen núcleo pero son diferentes en otros aspectos. 

El SIBO es un claro ejemplo, de la importancia de la microbiota y cómo su alteración, puede provocarnos problemas. Algo de lo que, desde InPharmado ya hemos informado en otros artículos, por la importancia de concienciar.

síntomas del sibo.

Una de las particularidades que hacen difícil el diagnóstico de SIBO son sus síntomas. En muchas ocasiones, pueden dar lugar a confusión con otras patologías como el síndrome del intestino irritable. 

La sintomatología puede variar según la gravedad y grado. Principalmente vamos a observar:

Imagen de creación propia.

En casos más extremos, pueden aparecer síntomas más graves. Cuando existen daños a nivel de la pared intestinal, aparecerá malabsorción de nutrientes. En el caso de las grasas, dará lugar a esteatorrea (expulsión de las grasas en las heces). En casos extremos podríamos encontrar deficiencia de vitaminas liposolubles como la A y la E). Puede afectar a las proteínas y vitaminas. Algunas, como la B12 o la tiamina, es debido a su uso por parte de las propias bacterias. 

Otro aspecto a tener en cuenta son los síntomas a nivel neuropsicológico (podéis leer más en este artículo). El paciente con SIBO tiende a padecer malestar psicológico. Esto está asociado a todos los síntomas antes comentados. Presentará estrés y ansiedad provocados por su malestar, el mal descanso, etc. 

causas y factores de riesgo.

Existen múltiples causas que pueden provocar SIBO. El propio SIBO, normalmente, no es la patología en sí, sino un síntoma de otra, que puede estar enmascarada. 

Es muy importante identificar la causa responsable de esa disbiosis. Si no se trata la enfermedad subyacente, corremos el riesgo de sufrir SIBO recurrente. Esto significa que habrá recaídas un tiempo después de realizar el tratamiento.

Pueden predisponer al SIBO enfermedades como la diabetes, diverticulosis, problemas de válvulas, la cirrosis hepática o la insuficiencia pancreática. En estos últimos, al alterarse la composición de la bilis y enzimas digestivas se va a producir un sobrecrecimiento bacteriano. De la misma manera, enfermedades autoinmunes, parasitosis, la enfermedad celíaca o alteraciones de la acidez gástrica pueden conducir al sobrecrecimiento de las bacterias y con ello, SIBO.

También, a nivel farmacológico, es lógico pensar que tratamientos que afectan a la motilidad, como los medicamentos opioides, o medicamentos que alteran la acidez del jugo gástrico (los mal conocidos como “protectores” estomacales, entre ellos el omeprazol) son factores de riesgo, que aumenta la posibilidad de padecer SIBO.

diagnóstico de sibo.

Llegamos a un tema en controversia. La técnica más rápida y eficiente podría ser el aspirado de una muestra del intestino delgado y su posterior cultivo para el conteo de colonias bacterianas. Esto se realiza mediante el procedimiento conocido como esofagogastroduodenoscopia.

Sin embargo, dicha técnica presenta problemas. Es invasiva y como tal, conlleva riesgos como perforación accidental, infección o sangrado. También es posible que la toma de la muestra no se haga correctamente o que sufra contaminación de otras zonas.

Por tanto, en la mayoría de los casos vamos a encontrar que para el diagnóstico se emplea la prueba del aliento. Esta prueba, también se usa para diagnosticar otras patologías, como la infección por Helicobacter pylori (en este caso se administra al paciente una solución líquida con varios compuestos, entre ellos urea, que H. pylori es capaz de descomponer). Os dejamos un vídeo explicativo aquí.

Para detectar el SIBO, vamos a tener dos casos principalmente (podéis leer sobre otros aquí):

Test de glucosa.

La glucosa es un monosacárido que absorbemos por completo en el intestino delgado proximal, en condiciones fisiológicas normales. En cambio, en presencia de SIBO, la glucosa va a ser fermentada antes de que pueda absorberse. Por esta razón, al tomar y analizar la muestra de aliento, vamos a encontrar picos de hidrógeno, generados en la fermentación.

Se trata de una técnica fiable aunque presenta algunos problemas, por ejemplo, si el SIBO se presenta en la porción distal (más avanzada que la proximal) del intestino delgado, es posible que toda la glucosa se absorba en la zona proximal y no llegue a la distal, con lo cual obtendremos falsos negativos. 

Test de lactulosa

La lactulosa es un disacárido sintético, no absorbible, que consiste en la unión de fructosa y galactosa. Se emplea también como laxante osmótico. Al pasar intacta por el intestino delgado en condiciones normales, llega al ciego donde será metabolizada por las bacterias de esta zona. A la hora de diagnosticar SIBO, la lactulosa será metabolizada antes, en el intestino delgado.

Sin embargo, puesto que sí existen en bacterias capaces de metabolizar la lactulosa en el ciego (primera porción del intestino grueso), corremos el riesgo de que existan falsos positivos y que sea éste el hidrógeno detectado en la prueba.

conclusión diagnóstico.

Como podemos observar, ambas técnicas presentan problemas de sensibilidad y, normalmente, en los estudios más avanzados, se recurre al empleo de glucosa, ya que es la que ha demostrado menor número de falsos positivos (aunque en este caso corremos el riesgo de que algún positivo se quede sin tratamiento).

También, se emplea la misma técnica pero para analizar el metano existente en el aliento, ya que este metano es producido por las arqueas que comentamos al principio que podían aparecer junto al resto de bacterias en el SIBO. Por lo tanto, se recomienda hacer ambas mediciones para tratar de acotar al máximo

tratamiento.

En cuanto al tratamiento, habría que enfocarlo de la siguiente manera, teniendo en cuenta todo lo anterior comentado: 

  1. Identificación y tratamiento de la causa subyacente.

El tratamiento de SIBO debe ser específico para cada paciente, esto supone que debe hacerse un estudio completo de las características de cada paciente, teniendo en cuenta sus patologías previas, toma de medicamentos, alimentación, etc. 

Una vez  realizado este estudio previo, si se identifica una causa como la posible responsable de SIBO, es necesario tratarla o modificarla (en el caso de un tratamiento por ejemplo o la dieta). Esto es de vital importancia para que no se reproduzca.

Especialmente a día de hoy, en el que la lucha contra el uso indiscriminado de antibióticos, por la aparición de bacterias resistentes (superbacterias) está a la orden del día, es aún más necesario estudiar muy bien cada caso de tal forma que no se den tratamientos con antibióticos de manera indiscriminada. 

  1. Tratamiento.

Respecto al tratamiento, vamos a encontrar:

rifaximina

Antibiótico semisintético derivado de la rifampicina. Es un antibiótico de amplio espectro, capaz de actuar sobre gran variedad de bacterias. Es el tratamiento de elección en la mayoría de las ocasiones ya que posee la particularidad de que no se absorbe. Al no pasar a nivel sistémico (no pasa a sangre), los efectos secundarios van a ser menores, actuará de manera local, en el intestino.

En España se comercializa bajo el nombre de Spiraxin (recordamos que, al igual que el resto de antibióticos y medicamentos, ha de ser prescrito y recetado por su médico/a). 

antibióticos sistémicos.

Sí se absorben, como amoxicilina con clavulánico, metronidazol o norfloxacino son algunos de los que han presentado eficacia en estudios frente a SIBO. En contra de estos tratamientos radica el hecho de que sí son sistémicos, pasan a sangre y pueden provocar más efectos adversos. 

otros tratamientos.

Hay estudios que emplean agentes fitoterápicos con acción antimicrobiana y antifúngica. Se emplean, por ejemplo, plantas como el orégano, la cúrcuma (que además es antiinflamatoria), tomillo etc. Existen medicamentos comercializados para su uso a base de dichas plantas. 

La toma de probióticos, también podría ayudar como coadyuvante al tratamiento, al competir con las cepas del SIBO. 

  1. Mantenimiento.

Para ello, existen diversas formas dependiendo de la causa que originara  el SIBO. Por ejemplo, mediante la toma de medicamentos que ayuden a la motilidad.

Sobre todo, hay que hacer hincapié en las dietas adecuadas (principalmente aquellas bajas en azúcares fermentables). 

También, es aconsejable la toma de probióticos, sobre todo en ciertos tratamientos con antibióticos. En la mayoría de las ocasiones, los probióticos sólo forman parte de nuestra flora un tiempo, durante el cual, se convierten en aliados al competir con las cepas anómalas. 

Otra forma de mantenimiento, podría ser la necesidad de tomar antibiótico (normalmente la rifaximina) en ciclos (cada x meses por ejemplo). 

De esta forma logramos mantener en el tiempo la normalidad, sin que se reproduzca el sobrecrecimiento bacteriano. 

  • Desde InPharmado os recordamos que lo importante es identificar el problema. Ante la sospecha de SIBO o algún otro trastorno gástrico, es esencial acudir a vuestro centro de salud para poneros en manos de vuestro profesional sanitario.
  • Es de gran importancia de llevar una dieta sana, variada y equilibrada. Hay que hacer valoración y cambios de nuestra dieta en caso de no ser adecuada, incluso se puede consultar con un nutricionista.
  • Muchas de las personas afectadas por SIBO tienen problemas de manejo de estrés, es importante cuidar la salud mental y si es necesario acudir al especialista. 

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